Redacción NTR 30 abril, 2019

Oraciones durante el día y la noche son las herramientas de poder que están utilizado familiares y pobladores de la comunidad de Jinilaca, Concepción, Intibucá, para alejar los malos espíritus que, a su criterio, raptaron a dos jóvenes del pueblo hondureño.

Desde hace dos semanas, los habitantes de la región fronteriza con El Salvador viven momentos de espanto, luego que la joven Dunia Carolina Orellana (23) y Brenda Agustina Amaya (33) desaparecieron misteriosamente de sus casas, acción que se la atribuyen al mítico personaje “El Duende”.

Perros ladran sin cesar

En el caso de Dunia, ella tenía su esposo y de pronto se sintió atribulada, no quería saber nada de él, y esa fue una de las condicionantes para tomar la decisión de escaparse con el presunto “Duende”.

“Después de estos hechos que hemos vivido, las cosas han cambiado en este pueblo, porque en las noches hay ladridos, como que los perros miran un mal espíritu y luego se encierran aullando en sus casas”, relató un vecino que se identificó como Pedro.

Agregó que “después de todo esto, casi en todas las casas se hacen oraciones para que se vayan esos malos espíritus que nos han venido a visitar y hay una gran preocupación, porque solo una muchacha apareció y la otra aún sigue desaparecida”.

Los parientes de Dunia se encuentran atemorizados y herméticos, ya que no esperaban vivir semejante preocupación, y que un mal espíritu les raptara a su hija y temen que el hecho se vuelva a repetir, porque la joven aún no supera ese trauma vivido en sus tres días de desaparición.

Agua bendita para espantar los demonios

El sacerdote Nicolás Gámez,lamentó que una comunidad de gente trabajadora esté pasando por ese mal momento, donde el supuesto demonio ha llegado a interrumpir la paz que se ha vivido en ese sector.

“Como iglesia, estamos acompañado a estas familias que están viviendo un momento tan difícil, porque esta muchacha Orellana, se ve que ha quedado afectada con todo lo que le ha sucedido”, detalló Gámez.

Añadió que “nosotros, como predicadores de la fe y la esperanza, estamos llegando a esta familia, para echar agua bendita, darles una palabra de esperanza porque Dios es en quien debemos confiar”.

El religioso insistió que los jóvenes son víctimas de influencias negativas, impulsadas por los malos espíritus y para eso hay que prepararse, porque “solo alejando esas pretensiones del mal, es que podemos tener paz”.

Mientras tanto, la otra joven desaparecida, Brenda, continúa sin dar señales de vida.

 

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